Observación de aves marinas

Observación de aves marinas

Apostados en el extremos sur de la isla de Tarifa, a 14 kilómetros escasos de la costa africana, colocamos los telescopios apuntando al mar y acomodamos la vista. En seguida empezamos a distinguir algunas de las aves más difíciles de observar, ya que no pisan tierra en su vida, salvo durante el periodo de cría, por lo general en islotes remotos e inaccesibles a los humanos.

Las pardelas juegan con las olas, con un vuelo muy particular a pocos centímetros del agua. Hay pardelas baleares y pardelas cenicientas, ambas cruzan sus rutas en este paso obligado durante sus larguísimas migraciones. A principios de septiembre, las pardelas baleares ya han criado (en el Mediterráneo) y se van hacia el Golfo de Vizcaya a pasar el invierno, mientras que las cenicientas aun están con el pollo en el nido (algunas en las islas macaronésicas y otras en islas e islotes mediterráneos) y pueden observarse adultos e inmaduros pescando por la zona. Unas semanas más tarde comenzarán la migración posnupcial.

Los alcatraces, más grandes y fáciles de ver que las pardelas, también pasan de un mar a otro y a los pocos minutos podemos constatar que no se trata sólo de ejemplares pescando por la zona sino que están en plena migración hacia el Atlántico Sur.

Más adelante cuando bajen las temperaturas, podrán verse algunos alcas y frailecillos, con un aleteo frenético y un vuelo directo como si se tratara de un torpedo sobre las aguas. No es el lugar del mundo donde más hay, pero todos y cada uno de los ejemplares del Mediterráneo pasarán por este punto al menos dos veces al año. Que no es poco.

Otras aves marinas como el págalo son relativamente abundantes en el Estrecho, pero las veremos mejor desde el barco, probablemente acosando a alguna gaviota para robarle su presa. Mientras tanto, si la emoción te permite separarte un momento del ocular, podrás descubrir a tu alrededor otras muchas especies quizá más comunes, pero también fascinantes como gaviotas, charranes o fumareles, correlimos, chorlitejos, vuelvepiedras… entre otras muchas.

Isla de Las Palomas

Frente a la ciudad de Tarifa se sitúa la isla de Las Palomas (o isla de Tarifa). A pesar de su pequeño tamaño, apenas medio kilómetro de anchura, ha sido históricamente un punto estratégico del mayor interés por tratarse del punto más meridional de Europa y por tanto el mejor punto para controlar la costa africana y el paso de embarcaciones (o de aves marinas) por el Estrecho.

Se mantuvo un uso exclusivamente militar durante prácticamente toda su historia. Sus terrenos fueron propiedad del Ministerio de Defensa hasta que fueron declarados de Dominio Público Marino Terrestre en 1988. En 2003 se declaró el Parque Natural del Estrecho, protegiendo la isla y las aguas que la rodean por su alto valor ecológico. El acceso sigue estando restringido aunque se puede pasar solicitando una autorización.

En la isla se encuentran instalaciones militares (cuarteles, oficinas y puestos de vigilancia) construidas a mediados del siglo pasado sobre restos de fortificaciones anteriores. La fortificación de la isla comenzó en el siglo XVII aunque hay restos anteriores como enterramientos fenicio-púnicos de los siglos VI y IV a.C. y canteras romanas para la extracción de roca caliza para la construcción.

Desde 1808 está unida a tierra por un espigón que protegía primero un camino y, más tarde, una carretera.

También se encuentra en la isla el faro y un centro de internamiento de extranjeros (CIE) abierto en el año 2006.